Mi despertador se congeló hace años.
Antes sentía, vivía, soñaba.
Ahora agoniza y nada puedo hacer por él.
Sólo escuchar sus lamentos.
Lamentos que me llevan a esconderle debajo de la cama.
Mi rutina es sorda, no escucho, sólo camino bajo el frío.
En mi cama miro las agujas del despertador esperando
que llegue el deshielo a mi mesilla.
Ana Maria Tapias Garcia.
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