Antonio en cayuco cruzó la frontera
buscando la paz en otro idioma.
Machado no era un inmigrante que olia a sudor,
su aroma era soledad de Leonor,
de un patio sevillano y su alma castellana.
Antonio se ahogó en el destino
dejándonos atados a su Olmo viejo
Antonio
Ana Maria Tapias Garcia.
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