Equidistante
y sombría
asume su
existencia
la garra de
agua,
que
contempla sus sueños
desde el
horizonte de los otros,
que la
invitan
a jugar con
la infancia
a sonreír con
la adolescencia
a asumir la
madurez
a ser
testigo de la decadencia de la vejez,
que junta
sus manos
para
susurrar al mañana
que
cercenará sus huesos cansados
para
invitarlos a ser olvido
desde donde
serán eco de la memoria.

No hay comentarios:
Publicar un comentario