He de aprender a leer
en el abecedario del sufrimiento,
herencia del hijo de mis abuelos
que se desdibuja en el olvido
que se suicida en mi sonrisa
que se hiela en mis amaneceres.
Fue un torturador
imposible de atrapar en mi corazón,
sus vocales, sus consonantes,
escribían insultos sobre mi cuerpo
que aún se tambalea sobre su recuerdo.
Sé que nunca perdonaré
sus palabras de odio
hacia aquella niña
que ayudaba a su abuelo
a cuidar a los pájaros.
Aquella niña creció
jugando con el miedo a su presencia,
que ahora es un fantasma
que me persigue en silencio
al que asustaré para que se vaya
y no vuelva a mis lágrimas.
Ana Tapias(todos los derechos reservados)©
Hay personas, como el hijo de mis abuelos, que dañan la existencia, por eso escribo, para ayudar a mi dolor a conjugar su olvido.
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