Hay días, en los que la sombra
se asoma mucho a la vida,
y uno sabe si es poeta con café
o con descafeinado.
Hay días, en los que uno no cree
en las palabras
y otros que llegan como hordas
a invadir los espacios en blanco.
Hay días, que uno solo leería
a Juan Ramón Jiménez
y otros que lloraría con Lorca.
Hay días, que el silencio
se vuelve rima.
Hay días.
Ana Tapias
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