Me gustaría ser una asceta,
embadurnarme de silencio,
comer picatostes,
pero he de someterme a la realidad,
es fria, inhóspita, cruel,
me deja en un orinal de lágrimas
del que no sé cómo levantarme.
Tal vez mi destino sea llorar
en medio de un laberinto de retretes.
Ana Maria Tapias Garcia.
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