Mira a los ojos a señores de traje, imbeciles,
que le dejan sin trabajo.
Es valiente, sincero, con matices de humildad.
Emigra huyendo de la soledad
de un castillo en ruinas.
Un castillo de palabras y sombras,
de dudas y verdades,
de fantasías y realidades,
de mañanas y noches.
Camina escupiendo fuego en las conciencias.
Amo a ese dragón, que no tiene trabajo
por tener un curriculum escrito con sueños.
Con cariño a Alvaro que me ha regalado su imaginación
Ana Maria Tapias Garcia.
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